EL TRUQUITO Y LA MAROMA PDF

Diversos grupos disputan el control de las calles. Nada escapa a su control; botan caspa, y desde luego, chumbimba. El mundo de los traquetos opera como un negocio familar. Encaro la calle. Sin su ayuda el trabajo de campo hubiera sido imposible. Era necesario vivir la impresionante oferta cultural de la capital del siglo XX.

Author:Faezragore Kik
Country:Yemen
Language:English (Spanish)
Genre:Sex
Published (Last):21 January 2010
Pages:260
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ISBN:376-7-59768-204-5
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Diversos grupos disputan el control de las calles. Nada escapa a su control; botan caspa, y desde luego, chumbimba. El mundo de los traquetos opera como un negocio familar. Encaro la calle. Sin su ayuda el trabajo de campo hubiera sido imposible. Era necesario vivir la impresionante oferta cultural de la capital del siglo XX. Su palabra es ley. La captura del dato es, obviamente, y eso lo saben quienes me han antecedido en este tipo de estudios, una aventura in crescendo.

Sin salsa no hay transa. El condimento musical que sazona el placer de darle movimiento a la cadera para seducir a una dama, liberar el cuerpo de la fatiga diaria en un parche o concertar un tumbe. En la olla lo mejor de La Fania es sonido bestial". Casi no hay blancos; solo unos cuantos gringos despistados que caminan con desparpajo en medio de los negros, mulatos y coreanos. Y como no pertenece a nadie -salvo tal vez, a los negros-, cada cual tiene su propio Nueva York. En ocasiones el paisaje urbano nos remite a un escenario del antiguo tercer mundo o a los actuales "mercados emergentes".

No todo es color de rosa en la urbe de hierro. En esta ciudad todo es posible. Ha desaparecido. Nueva York es una ciudad para todos los gustos y deleites; pareciera que todos los extremos se dan cita, y eso la convierte en un emporio surrealista sugestivo y agradable. Su presencia se hace visible y legendaria, en interminables desfiles pintorescos. El 4 de julio se canta en coro el inevitable God bless America!

Las advertencias de Garfield me parecen atinadas y coherentes. En Manhattan se concentra todo, absolutamente todo. Nueva York es esencialmente Manhattan: todo fluye hacia sus fauces hambrientas. La vida de un carroloco oscila entre la delincuencia y una que otra actividad legal; su historia personal es un resumen bastante preciso de los colombianos que entran por el hueco: la frontera de 3.

Son cientos. Los clanes familiares se clonan. Las autoridades destruyen uno y surgen dos. Las coplas, los versos, hablan de dioses de carne y hueso. Algunos completamente desconocidos. Error fatal. Todo depende del "tonito" de quien lo emplee. Y si el tonito sube las cosas pueden terminar mal. Al Doctor, no le gustaba la mecha ni las bambas. Las redes cruzan fronteras, son tan amplias que se vuelven inidentificables.

Duran el tiempo necesario para finiquitar los negocios. Es parte del rito. La polocha ronda de cerca pero no se anima a intervenir en los negocios; en realidad no es que no se animen sino que andan a la caza de una pesca mayor, no de especies menores.

En ocasiones en casas de seguridad o caletas. Muchos sucumben a los sobornos. Para saberlo los clanes mexicanos que en los ochenta ejecutaron en Guadalajara, a Enrique Camarena, un agente infiltrado de la DEA, y fueron brutalmente perseguidos por las autoridades antidrogas. Pille, loco, las antenas de los roca. Los monos se asaran con facilidad. Uno les bota braviata y listo. Pero ojo, mijo, mucho ojo con los gusanos, que son torcidos los tripleijueputas.

Esa tomba de cubanos de Miami se enceban con la gente que agarran. Con ellos no puede uno patrasiarce; a la primera de cambios hay que sonarles. Los gusanos no tienen honor; luego reviran de que los cobradores acaben hasta con el nido de la perra.

Este negocio no funciona como en las cintas mafiosas. Los caliches se han ganado la plaza a punta de plomo, y a veces, pues, se han excedido, eso es cierto: hasta los italianos han aprendido a respetar a los calichanos. Donde hemos guerriado por el piso han preferido negociar. Le digo, este es un negocio superteso. El Padrino es una cinta rosa. Luego todo vuelve y juega.

Como este es un negocio face to face, y en billetes de a contado, nada mejor que moverse con la familia de uno. Usted sabe. Los traquetos menores se agolpan en las esquinas como moscas en una gota de miel. Se consume algo de hierba o perico, sobre todo en las fiestas o, clandestinamente y en forma moderada, fuera de la mirada disciplinaria de los duros. Su consumo es moderado. El hombre tiene cadena perpetua en la Florida.

Dicen que lo vendieron. Buen tipo, jovial y bien parado. Conservar una prudencial distancia con los vecinos es una estrategia de supervivencia. A nadie parece importarle el correveidile turbulento de la calle, escenario de actores que improvisan roles, papeles y conversatorios con la muerte: "En este negocio, hermano, es necesario banderiarse un poco: un pase de muleta, de vez en cuando, para intimidar a la competencia, pero a lo bien, a lo correcto, siguiendo las reglas para que salga natural: uno se ajusta severa tartamuda, debajo, debajito de la chaqueta, en la chucha.

Si uno va montao las cosas cambian; cosas, pues, para marcar presencia. Eso es impajaritable. El grone nunca sale a voltiar solo. Lo hacen con gusto. Traquetos y desechables forman parte de un mismo engranaje. Las ejecuciones no requieren de malabares, ni del virtuosismo del asesinato como una de las bellas artes, sugerido por De Quincey.

Se golpea y ya. La vida es secundaria. Una vida bien vivida bien merece un novenario; es una salsa. Quedamos fritos; sin casa y en la lleca. Sin agua en el radiador, hermano. Comiendo arepa y frijoles con sal o caldo de papa con callo. Nos botamos a trabajar la lleca y a coger pescuezos. En seis meses ahorramos un plante chiquito, pero plante al fin. Le echamos ladrillo al rancho y hojas de eternit al techo. Era bueno el billegas. Pagamos de contado y subimos todo en una camioneta de trasteos.

Con el otro peso del muerto y un tumbe extra montamos una tiendita. El negocio de las drogas es de cuidado y el riesgo de que alguien se quiera pasar de listo es siempre una posibilidad a tener en cuenta.

Me dejo habitar por el ambiente, sacudo el letargo, me aproximo a esas formas de poder que se mueven como sombras. Es viernes. Los precios suben considerablemente. Aspira profundamente y con deleite.

Gime extasiada. Pero no, no lo dice. Nadie mira, solo las risas y albures se dejan sentir en medio de los coches y las botellas de alcohol. Es un ejercicio usual y cotidiano. Explica un vendedor, levantando los hombros y abanicando las manos, frente a un usuario exigente.

Numerosos adeptos buscan el polvo blanco con insistencia y es la invitada principal en los raves, para ser olida, fumada o inyectada. No hay merca. Es Quaalude. Los vendedores de droga al menudeo dependen de una estructura organizativa.

No hay vendedores piratas. Finalmente el hombre se retira y promete regresar luego; teme cambiar de dealer. No hay droga pura circulando en la calle.

Me permite moverme con relativa calma.

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El truquito y la maroma

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